Con
apenas 22 años Coralie Clément ha publicado “Salle
des pas-perdus”.
Nacida
en Villefranche-sur-Saône, comenzó a estudiar solfeo con cinco
años y a ensayar con el violón a los 6, introducida en la
música por su madre fan de Aznavour, su padre clarinetista
y su hermano, quien también tocaba el violón. De hecho, es
este último, de nombre... Benjamín Biolay, compositor de canciones
de Henri Salvador y Keren Ann,
quien ha escrito la música y las letras de este debut.
Las referencias de esta joven mujer son Françoise Hardy, Jane
Birkin y Serge Gainsbourg. “Mon nom
ne vous dit rien” (“Mi nombre no os dice nada”)
susurra Coralie en la apertura de su primer disco.
Esta
cantante de timbre fino, fluido y delicado, irrumpe sin prevenir
en el vasto mundo de la chanson francesa: nunca había grabado
ni una sola canción, jamás se había presentado ante ningún
público. Sin embargo, ella sabía desde hacía tiempo que algún
día conoceríamos su voz.
Desde
la adolescencia, tras diez años en su clase de orquesta, esta
arrebatadora muchacha soñaba con cantar, pero tímida, mantuvo
este pensamiento en secreto. Quizás por ello, y tras todo
ese tiempo, decide dejar el violón y su espíritu se vuelve
aún más curioso. Afortunadamente tiene con qué alimentarlo
ya que en su casa escucha a Gainsbourg, The Beatles y éxitos
de los años 80, encontrando un ídolo en la persona de Vanessa
Paradis.
Ahora ha revelado a toda Francia aquello que nunca osó decir
ni a su mejor amiga: quiere cantar y va a cantar. Antes de
llegar hasta aquí, Coralie, cargada de modestia, ha buscado
su camino, estudiando teatro durante dos años para luego entrar
en la facultad de historia aceptando pequeños trabajos de
verano.
A
la vuelta del verano del 2002, a la vez que afrontaba su tercer
año de estudios superiores, editaba su álbum. “¡Para mí esto
es algo irreal!”, exclamaba. Benjamín ha sido quien le ha
dado ánimos y más, la ha apoyado en esta aventura. Él sabía
de las bondades de la voz de Coralie y una tarde agarró un
magnetofón donde grabó algunas canciones para ella. Coralie
las hace suyas de una forma natural, decidiendo grabar en
estudio trece de ellas, naciendo así un tándem único hermano-hermana
en la chanson francesa.
El álbum se concibe como un disco conceptual, como una banda
sonora de un largometraje. “Si es una película, es “Jules
et Jim”, de François Truffaut”, afirma Coralie. Y así
descubrimos una formidable interprete, la portavoz poética
y melancólica de las baladas otoñales y sentimentales de Benjamín
Biolay.
Web: Capitol
Records