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"Petit
Cosmonaute" cd (La Tribu, 2003) |
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"La
nuit éclaire le jour qui suit" doble cd
(Lithium, 1998) |
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"Monde
pour n'importe qui" cd (Lithium, 1996)
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Se
llama JÉRôME MINIÈRE y es toda una paradoja:
originario de Orleans y antiguo estudiante de cine, crea música
desde hace dos años y medio en Montreal, Canadá.
Con veinticinco años publicó un disco que si
bien podía haber salido en Mo'Wax o en Warp, encontró
de forma natural su lugar en Lithium rodeado de artistas singulares
como Dominique A y Diabologum. Este es su 2º álbum,
y cuando JÉRÔME escuchó segundo, quizás
creyó que hacia falta que fuera doble. "La
nuit éclaire le jour qui suit"
está compuesto por dos discos, que atestiguan una pasión
conjugada por la chanson y la música
electrónica. Las une, pero a su manera: como si inventara
una chanson electrónica audaz y adulta. "S'il
ne se perd pas, il s'ennuie",
"La
voisine du monsieur veuf",
"Ton
fantôme":
se hace difícil creer que este chico tímido
y risueño alimenta ideas tan oscuras, y sin embargo
es él. O más bien es el chico de las ideas negras
quien se presenta bajo una apariencia desacomplejada, a veces
lúdica ("L'imparfait",
"Merveilleux comme ça").
Sabe manejar las letras con precisión, al igual que
sabe abstraer, renunciar al sentido para privilegiar la sensación,
como en la segunda parte de su álbum, enteramente instrumental.
Fiel a sus falsas contradicciones, JÉRôME MINIÈRE
se explica con sus palabras y sus ideas. Evidentemente...
¡en desorden!
Su nuevo
álbum "Petit Cosmonaute"
reúne catorce canciones elegantes, unión de swing acústico
y de excelente ensamblaje electrónico.
Sus melodías
están llenas de matices pero poseen la habilidad de pegarse
a tus oídos. Las letras son impresionistas, miradas de un
pequeño astronauta sobre un pequeño planeta. Violonchelo,
trompeta, percusiones y samples se unen con una orquesta virtual
pero llena de vida. Con todos estos elementos JÉRÔME MINIÈRE
analiza con una simplicidad desarmante la complejidad de nuestra
existencia, a lo largo de un álbum cautivador de principio
a fin.
MIS
INFLUENCIAS
Me doy cuenta que cuando se me pregunta a cerca de ellas,
jamás logro contestar. La respuesta más simple
que he llegado a encontrar, es que son como una piscina, es
decir un entorno del cual no puedo extraer un elemento. Mis
gustos son una especie de gran divagación entre cosas
muy frías y otras más rítmicas. Es una
paradoja, no llego a elegir mi terreno. Pero desde el comienzo
de los 90, hay algo que se ha instalado cómodamente
en mi pensamiento: tanto la cultura de los djs como la de
Beck es una mezcla de elementos muy extravagantes. Hace dos
o tres años no habría podido asumir el hecho
de ser paradójico. Hoy sí.
MI
LADO OSCURO
El álbum se llama "La
nuit éclaire le jour qui suit"
porque quería que el disco fuera menos fugitivo que
el primero. Las letras son menos pesimistas pero más
duras. Hablo de cosas menos angelicales: demonios, en relación
a cuerpos, sexualidad, de malos sentimientos como la venganza
o querer hacer mal, de la hipocresía... Tengo zonas
de sombras evidentes y fuertes. Los que me conocen bien saben
que aunque no soy nervioso sí estoy ultra angustiado.
Todas mis angustias las paso a mi cuerpo. Por ello es por
lo que hago música, para salir de mi cuerpo. Nunca
he hecho música por el simple hecho de hacerla, como
si fuera un trabajo: siempre la he hecho por necesidad, para
esconderme.
MI
BRICOLAJE
Cuando llegué al estudio para grabar mi primer disco,
me encontré un sampler. Tener uno era mi sueño,
pero no quería emplearlo enseguida porque tenía
miedo de desaprovecharlo haciendo no importa que. Siempre
me ha atraído todo lo relacionado con el ensamblaje:
con quince años tocaba en un grupo noise, donde triturábamos
canciones con un sintetizador y con pedales de efectos. Aquello
era el comienzo de lo que hago hoy, y no me refiero al grupo
pop, sino al "bricolaje" que los sábados
hacíamos un amigo y yo. La música electrónica
no me gusta especialmente, pero sí el espíritu
que la impulsa. Hacer cosas interesantes con los útiles
que representan el presente.
MIS VIAJES EN COCHE
Cuando era niño soñaba con ambientes. Tengo
recueros muy precisos de la época en la que mis padres
y yo partíamos en coche. De noche, con la radio puesta,
en la carretera en busca de las vacaciones, sentado en el
asiento de atrás no podía dormir. Miraba el
cielo mientras una voz presentaba las canciones. Como estaban
cantadas en inglés y yo era pequeño, no entendía
las letras. Para mí en aquella época escuchar
una canción no era diferente de escuchar un instrumental:
era la misma impresión. El disco instrumental que contiene
este álbum parte del deseo de recuperar las sensaciones
de aquella época.
MI
CINE
Gracias al sampler descubrí el placer de hacer cine.
El sampler está entre el cine y la escultura. Cuando
montas una película, ensamblas elementos heterogéneos.
El sampler es copiar, pegar y montar... exactamente las mismas
operaciones que realiza quién está en la sala
de montaje de una película.
MI
BOTELLA
La música es una especie de espacio. Un espacio, según
la luz (de la mañana, de la tarde o de la puesta de
sol) se habita de forma diferente. Cada inquilino lo habita
de una forma diferente. No está cerrado. Podríamos
comparar lo que hago con quien hace botellas: yo meto el aire
dentro y la botella se cristaliza, pero después cada
uno puede llenarla con lo que quiera.
Web: http://www.generation.net/~jminiere/