Puede
que la mayoría de nosotros conociera a Jean-Louis
Murat a través de una de las versiones de "I'm
Your Fan",
el tributo a Leonard Cohen. Sin embargo, si fuéramos
público galo las cosas cambiarían. Entre otras
cosas, porque allí Murat es una estrella -"Me
encanta tocar aquí en España, y que el público
no me conozca, porque, de este modo, pueden acercarse a mi
música de manera pura y sin prejuicios"-.
También porque el título, para "MUSTANGO",
de Mejor Álbum de 1999 según la prestigiosa
revista Libèration, no le sorprende en absoluto:
"Ya me lo concedieron con 'Dolores' [su anterior álbum]".
En esta tesitura podemos conocer a un Jean-Louis Murat, que
en Francia edita discos desde principios de los ochenta, y
que, ahora, publica en España su último Lp,
grabado casi por entero en Estados Unidos. Murat, que decidió
trasladarse a los USA una temporada para dedicarse a la pintura,
se habituó a recorrer clubs y salas de conciertos.
El resultado: 27 músicos contactados para tocar en
diferentes sesiones, de las cuales se fue seleccionando el
resultado final. La lista, de vértigo: John Convertino
y Joey Burns (Calexico) -y el tercero en discordia para Giant
Sand (Howe Gelb)-, el guitarrista Marc Ribot, Harvey Brooks
y Winston Watson (habituales de Dylan), o la cantante de Elysean
Fields Jennifer Charles.
El resultado es un disco magnífico y, sorprendentemente,
homogéneo dentro de su diversidad: Murat oscila entre
un lado más acústico y suave, y otra capa más
pop-rock, donde las colaboraciones dejan su impronta: El 'french
touch' de Murat frente a la visión americana de la
música. Dejando a un lado tonterías milenaristas
de corte integrador,
"MUSTANGO"
responde con calidad y criterio -como en los verdaderamente
excepcionales 7 minutos y 20 segundos de la sensualidad de
'Bang Bang'-. Y dejemos los tópicos a un lado.
"MURAGOSTANG",
doble cd, recoge extensamente parte de la gira de Murat,
con tres escalas en La Boca, Istres y Bruselas, con trece
canciones en las cuales la duración mínima son
cuatro minutos, y la máxima quince. Recreándose
con lentitud y sosiego en los temas de su último disco,
Murat impregna de calma, sensualidad y un extraño
barniz electrónico (que ya nos sorprendiera en su concurso
en el pasado FIB'00), alejándose levemente del toque
pop-rock del disco en sí mismo. Con un sonido absolutamente
perfecto -recordemos su estatus de casi estrella en Francia-,
"MURAGOSTANG"
sirve tanto como repaso de sus útimas composiciones
como una obra nueva y distinta, debido a la tremenda reestructuración
a la que las somete. Particular y muy impresionante.
El
pasado año Murat se embarcaba en una nueva aventura
desconcertante... Fascinado por la literatura de Madame
Deshoulieres, Jean-Louis 'fichó' a la maravillosa
actriz gala Isabelle Huppert (musa del último
Chabrol), para ayudarle en la tarea de resucitar el
legado de la escritora francesa. ¿El resultado? "MADAME
DESHOULIERES", interesante compendio de artes,
en formato absolutamente clásico, y tan llamativo como
puede parecer. Otra nueva vuelta de tuerca en un hombre que,
paso a paso, esquiva la 'normalidad' a base de intención
y buen gusto.
Todo esto
viene a demostrar que Murat es cualquier cosa menos lento,
monolítico o previsible. Avanza rápido, más que su sombra,
esta sombra que tan bien ha sabido alimentar a nuestro deseo
de "spleen ideal". Cada vez se acerca con más urgencia.
Falso solitario, sueña con el calor de un grupo. Porque, ahí,
reside "la verdad: en el intercambio, la transmisión".
Por eso,para su nuevo disco había previsto comenzar de nuevo.
Después
de haberse sumergido en la vida neoyorquina, contaba con grabar
su disco en Memphis, a la manera tradicional del r'n'b, pero
su fecha prevista de finales de septiembre de 2001 se vio
cancelada por los atentados del 11 S. Su disco soñado, una
vez más retrasado, y con Crazy Horse y Nelle Hooper para otro
momento. Pero el riff de "Gimme Shelter"
se queda en bucle dentro de su cabeza, y se enfrenta al reto
de reorganizarse: "la mano derecha de Keith Richards es
la prueba de la existencia de Dios".
Así que
al diablo con las producciones ultra sofisticadas y los largos
y torturados lamentos: ponga ahí la química de un trío de
rock rústico, moderno y espontáneo. Convoca a dos jóvenes
a los que apenas conocía: Fred Jiménez, el bajista de A.S
Dragon (la banda de acompañamiento de Bertrand Burgalat) y
Jean-Marc Butty (que ha acompañado alguna vez a PJ Harvey,
a la que Murat tanto adora), y añade leves tintes y pinceladas
(algún coro, algunos teclados), y un muy joven ingeniero de
sonido, Stéphane Pin.
El método:
aprender, ensayar y grabar en dos o tres tomas en directo
máximo, cada uno de los temas. A la antigua, vaya. Con feeling,
con energía, como si al día siguiente hubiera que coger ruta
y girar por ahí. Una palabra de orden: evidencia, simplicidad,
dejar a las melodías, a las canciones, expresarse.
El Murat
autor, incurable romántico hedonista, acobardado, y dejando
salir a la escritura en primer grado, al talking blues gozoso,
rico en piruetas. ¿"Le Moujik et
sa Femme"? El título del álbum nos devuelve al
nombre del grupo improbable que él eligió. Y es su disco ciertamente
más accesible hasta la fecha. Sus once títulos concisos conforman
la primera colección de canciones de Murat que no se escucha
sola, que hay que compartir. La historia continúa, la tela
está muy lejos de ser terminada.
Para su
nuevo doble cd "Lilith" (originalmente concebido -
y también disponible- como un triple vinilo-), MURAT se ha
rodeado de colaboradores, como las voces femeninas de China,
Camille, Jule, Armelle Pioline (Holden).
Además dos
miembros de Tindersticks participan en numerosas canciones:
Dickon Hichliffe en los coros y en los arreglos de cuerda
y David Boulter con el órgano.
Tan prolífico
como inabarcable, JEAN LOUIS MURAT añade a su lista de álbumes
un toque nuevo, un trazo antes apenas dibujado, componer y
grabar de un golpe, sin esperas, sin pensar las cosas dos
veces.
Y así nacieron
23 temas maravillosos y exultantes. Los tonos son los mismos,
pero la tinta y el trato evolucionan con su humor y sus peregrinaciones,
sus pasiones momentáneas y sus disgustos eternos. MURAT, siempre
un clásico.
Web:
Jean-Louis
Murat