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"rec.extern"
cd/lp (Thrill Jockey , 2002) |
Si
en este mundo de clicks, cuts, clonks y bleeps existe algún
sello fuera de sospecha, ese es Mego. La factoría austriaca
ha demostrado, desde sus inicios, la posesión de un fino olfato
de zahorí para el asunto de los glitches, en todas sus variantes
y con todas las malformaciones posibles.
En
el proceso de crecimiento de su catálogo se han pergeñado pestiños
insufribles (las menos de las veces, eso sí) y auténticas obras
de arte (el "Endless Summer" de Fennesz y el "I'm Happy..."
de Jim O'Rourke como últimos ejemplos), a cargo de un nutrido
ejército de manipuladores de laptops que incluye nombres como
Kevin Drumm, COH, Farmers Manual, General Magic o RADIAN.
Especialmente
mimado por Peter Rehberg (aka Pita, el dueño de Mego), el trío
formado por Martin Brandlmayr, Stefan Németh y John Norman se
dio a conocer a finales de 1998 en la subsidiaria Rhiz, con
un disco homónimo que ya especulaba con las posibilidades de
una extraña alineación: bajo, batería, sintetizadores y laptop,
piezas troqueladas de un puzzle fascinante donde lo orgánico
y lo sintético conviven en tensión permanente, juego de dinámicos
de naturaleza indeterminada, rítmica henchida de groove marciano.
Aquellas cinco canciones (término extraño en estos confines
de la electrónica y, sin embargo, natural al hablar del trío)
aguzaron las orejas de la crítica y el público más inquieto,
situación que provocó que el siguiente disco del grupo, "TG11"
(Mego, 2000), se convirtiera en un pequeño acontecimiento con
presencia en muchos listados de lo más destacado del año.
Claro
que, para entonces, RADIAN había llevado mucho más lejos lo
expuesto en su debut: zumbidos digitales, clicks, pops, rítmica
funky, jazz, virtuosas líneas de bajo, sintes con sabor vintage,
colchones ambientales y ruido, mucho ruido, para un disco que,
todavía hoy, sigue sorprendiendo en cada escucha.
"rec.extern", tercera referencia
del trío, se publica en Thrill
Jockey, casa que ya había demostrado su amor por los vieneses
al licenciar sus anteriores lanzamientos para Estados Unidos.
Y
se publica aquí porque el último responsable de su gestación
es John McEntire (Tortoise,
The Sea and Cake...), fan fatal
de los vieneses desde de que estos compartieran cartel con Tortoise
en la gira de "TNT".
Después
de dos años de llamadas, McEntire
consiguió finalmente encerrar a RADIAN en su estudio de Chicago,
Soma, para grabar una versión más depurada y accesible de su
intrincado sonido.
Esto
no quiere decir que la bestia se haya domesticado, no, siguen
existiendo tremendos ejercicios de funk mutante y ruidoso ("Jet")
y trabajos de orfebrería microtonal ("Bioadapter", ""Etage 3/flur")
en los que la deconstrucción de la textura matiza un monolitismo
rítmico propio del post rock (en cuyo sonido se nota la mano
de McEntire).
La espina dorsal del disco se articula alrededor de cuatro composiciones
inspiradas en áridos paisajes metaurbanos. "Nahfeld",
"Kilvo", "Unje",
"Ulan", nombres (reales)
de grandes superficies de aparcamiento, plazas duras, nudos
de autopista, muelles de carga como los que aparecen en el artwork
del disco. Lugares vedados a la presencia vegetal e, incluso,
humana, que se trasladan al espacio sonoro como himnos situacionistas.
Aberraciones cromáticas, perversiones tonales, ambient enfermo
y microscópico que se engrandece en una producción exhaustiva
y detallista, con especial querencia por las panoramizaciones
y la gestión de los planos de fondo.
La
música del futuro (porque el futuro, no nos engañemos, sabe
más a asfalto que a naturaleza).
Más
información:Thrill
Jockey
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